miércoles, 23 de enero de 2008

El fútbol, las Chivas y Jorge Vergara

Parto de la premisa que establece al deporte como lugar de encuentro entre dos o más partes, y tal encuentro, pugna o batalla ha de tener lugar en condiciones de justicia y equidad, donde las reglas son las mismas para ambos y conocidas de antemano, lugar pues ideal para dirimir las diferencias, con coraje y valor sí pero con respeto y camaradería también, aún entre los más altos exponentes de las distintas disciplinas deportivas.

Luego reitero que coincido con quien piensa que el fútbol es lo más importante dentro de las cosas que no importan.


Ahora me permito hablar un poco sobre la reputación histórica de las Chivas del Guadalajara, se cuenta entre los clubes más antiguos de México y aún del mundo, club con altas y bajas pero de naturaleza indudablemente triunfadora, el único club mexicano que solo juega con mexicanos y que ha dado a este deporte grandes exponentes del mismo, unos por su calidad técnica y casi todos por su integridad dentro de las canchas, tradicionalmente el club ha contado siempre con equipos ejemplares en materia disciplinaria, en conjunto tales hechos hicieron al equipo el más popular de México, siendo no solo primera opción para millones de mexicanos, además pocos lo encontraban odioso, ridículo o pretensioso, era una perfecta segunda opción en casi cualquier región del país (excepto sin duda para los "águilas"), con respeto, mesura, humildad y triunfos se ganó pues el respeto de los aficionados a otras camisetas, es y ha sido por más de un siglo un paradigma de deportividad, ejemplo y práctica de los más altos valores que se puedan encontrar no solo en el fútbol sino el deporte todo.

Pero un día llegó el señor Jorge Vergara, me abstendré de entrar en polémicas que poco aportan, que sí es un recién llegado que poco o nada entiende de fútbol, que si su dinero y su cultura guardan proporciones abismalmente diferentes, que si es "aclista", por mencionar algunas etiquetas que se le atribuyen, me quedo con lo evidente, no es un digno representante de la historia del equipo, no es respetuoso ni mesurado, no es el fútbol su prioridad, no entiende ni siente los colores del equipo, no asume la sencillez y la templanza como fuente de dignidad y elegancia, es pues simple y llanamente un picapleitos de esquina (pero muy rico dirán algunos), un provocador de quinta y se esmera con tremendo esfuerzo en trasmitirle su esencia al equipo.


Los que hemos trabajando en más de una empresa podemos entender las diferencias básicas entre las distintas culturas organizacionales que marcan casi siempre los dueños y / o líderes y como éstas participan de la gente con el paso del tiempo, tan solo me pregunto cuánto demorará en llegar a las canchas el efecto Vergara.


Por lo antes mencionado sobre Vergara se antoja difícil que entienda que hay aspectos del club que no le pertenecen, que son inalienables, y son el imaginario y la colectividad chiva, el espíritu de un club que con muchas carencias de origen gestó grandes hazañas deportivas, vamos la historia en una palabra, esa, esa no le pertenece a Jorge, como un inmueble situado en el primer cuadro del pueblo aún con escrituras en mano el acreditado no tiene derecho a cambiar la fachada, la imagen, que son vínculo con los días que dieron forma a una época determinada, así le está vedado el derecho moral a modificar al club en sus raíces, lástima que Jorgito no lo entienda, toda vez que porque puede lo hace, solo por eso.


Pero bueno soy chiva, ya ni modo!

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